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Candelaria

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La fiesta de la Virgen de Candelaria tiene hoy una amplia repercusión en los medios de comunicación. Pero ese tratamiento tiene antecedentes curiosos y singulares. Hace 125 años, la revista cultural "La Ilustración de Canarias" publicó un "reportaje" de los festejos de la época que nos aporta valiosos datos sobre esta manifestación cultural. El autor fue Ireneo González, un colaborador habitual de la destacada y valiosa publicación dirigida por Patricio Estévanez. González nos habla al principio de los "accesos": "Inminente es, á la verdad, el riesgo que se corre al ir en carruaje por una carretera muy estrecha y llena de vueltas y revueltas (...); pero á nada menos has de exponerte amable lector, si quieres ir á ver la tradicional fiesta de Candelaria". Y describe el pueblo: "(...) el aspecto del pueblo y sus contornos es triste; el terreno árido como casi toda la costa del Sur; ningún panorama risueño se presenta á la vista del viajero; la campiña consiste en algunas pequeñas huertas plantadas de tuneras". El autor del trabajo periodístico prosigue con la descripción del estado de varios enclaves e instalaciones. Así, nos cuenta que: "...siguiendo la playa siempre hacia el Sur, á continuación del convento hay unos salones que sirven para hospedería de los romeros; pero se hallan en tal mal estado que dudo se aloje en ellos persona alguna".

"A pocos pasos se encuentra la cueva de San Blas, llamada por los guanches, así como toda esta playa y sus contornos, de Achbinico, cuya gran concavidad nada otra cosa ofrece de notable que un pequeño y pobre altar en el fondo, y tantas y tales grietas en el techo que inspira sérios temores", añadió.

Apunta que "desde el año de 1826 hasta el de 1882 la devoción de los fieles no ha sido interrumpida; saben estos que el culto lo tributan á la Reina de los cielos, y viéndola representada tanto en la nueva como en la antigua y prodigiosa imagen, concurren de todas partes á solemnizar su fiesta el dia 15 de agosto, un incalculable número de personas cuyo primer cuidado al llegar á Candelaria es hacer una visita á la imagen de María Santísima. Y á cualquier hora que entres, oh lector, en el templo verás un conmovedor espectáculo: gran número de agradecidos devotos caminan arrodillados sobre el pavimento, teniendo en sus manos velas encendidas; y los verás llevar, en ofrenda muchas botijas de aceite; y oirás el incesante y apacible ruido de la plata que cae en un cepillo colocado al efecto sobre una mesa. Te lo aseguro: ni por espacio de un minuto dejarás de oir aquel sonido agradable que produce las monedas cayendo una tras otra".

Pero Ireneo no se olvida de matizar lo siguiente: "¿Y cómo así, me dirás, no ha tenido nadie la feliz ocurrencia de añadir siquiera una piedra más á la magnífica obra del nuevo templo que empezaron á fabricar los frailes, y ha sido dejado para cementerio? Hé aquí que no puedo satisfacer tu curiosidad".

Respecto a las estampas populares del día 14 de agosto, señala que "desde el amanecer comienzan á llegar por todas partes grupos de gente alegre cantando al son de sus vihuelas y bandolas; empieza el cumplimiento de los votos; y cada cual se aloja en donde y como puede: quien en las casas particulares; quien en las espaciosas galerías del convento; quien en la playa á campo raso".

El periodista nos relata que "á eso de las ocho ó las nueve de la mañana hay en la iglesia misa cantada; después del mediodía comienza en la plaza ó playa, como quieras llamarla, la lucha, el año que la hay, la cual no suele ser de mucha duración".

Cuando el sol se oculta, "la brisa pronto refresca la arena, los romeros afluyen á la plaza y en un momento se ven diseminadas tres ó cuatro mil personas en aquel cercado y vasto arenal (...). Es digno de contemplarse, y embelesa al espectador situado en el barrio de Santa Ana aquel gentío inmenso; la diversidad de vivos colores en los trajes; el ruido que producen las guitarras, los cantares y los gritos: el incesante movimiento de estos que bailan, aquellos que juegan, los otros que corren. Y si miras hacia la derecha verás que por los riscos de La Magdalena no cesan ni por un momento de bajar grupos (...)". El texto se publicó el 15 de septiembre de 1882.
EL DIA prensa de Canarias
PEDRO FUMERO, Candelaria