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Mi suerte necesita de tu suerte
‘I’M READY FOR MY CLOSE UP’:
LOS ENSAYOS DE LA HEROÍNA
René Campos
Spelman College
"Mi suerte necesita de tu suerte, y tú me necesitas mucho más"
Bolero
"Yo siempre con la heroína". La tan citada frase de Molina se lee - y con justa razón - como una declaración de principios sobre la que es necesario empezar para situar/ construir/ entender su problemática identidad y la orientación de su deseo. Es la superficie articulada de una posición subjetiva que explica la lógica actancial del personaje con respecto a su ejercicio de imitación, a la percepción que tiene de sí mismo y a la calidad de su "performance", literal o figurada, frente al Otro espectador -y eventual participante - , Valentín. La "heroína" a la que se refiere es, a primera vista, el modelo de feminidad impuesto por los códigos hollywoodenses característico de cierto tipo de producción que, más allá de las variantes subgenéricas, se reconoce en el modo melodramático de las "películas de/para mujeres" ("woman’s films"). Desde ese específico marco genérico es posible entender—si no justificar—las consecuencias de la elección imaginaria en su trayectoria final.
Como sucede con otros personajes de Puig, también presos de la pulsión escopofílica, el desencuentro inicial entre realidad y deseo que resulta de este ejercicio surge de la naturaleza vicaria del referente que funda la identificación, fuente motivadora de las acciones de Molina, activada por la experiencia del cine y sus modelos fantasmáticos.[1] Si, como parte del proceso normal de constitución de la personalidad, la identificación es el acto a través del cual "un sujet assimile un aspect, une proprieté, un attribut de l’autre et se transforme, totalement ou partiallement, sur le modele de celui-ci.",[2] el ejercicio de identificación en Molina está marcado por la anomalía porque los modelos de Otredad que quiere imitar o que cree reconocer en sí mismo (el proceso puede tener una dirección transitiva o reflexiva) vienen del Imaginario del cine. Como tal, no necesariamente van a tener una correspondencia equivalente en el orden Simbólico; bien lo ha señalado Christian Metz cuando apunta que la pantalla del cine es un accesorio fetichista, "glace sans taint", en cuanto es pura superficie que oculta una ausencia,y que sólo permite un goce ilusorio.[3] De igual modo, cuando Molina se ve / quiere verse / quiere ser visto en una imagen femenina, está rompiendo el contrato edípico de identificación con la figura masculina, según el psicoanálisis tradicional. En una lectura lacaniana, su mimesis perpetúa la indistinción entre el Yo y el Otro maternal, propia del estadio del espejo, con lo que es transgredida la Ley-del-Padre y re-afirmada su "diferencia" voluntaria de homosexual afeminado, reconociéndose en la castración.[4]
Una buena parte de la crítica sobre la novela parte del análisis de estos dos supuestos transgresionales. Con menos atención se ha estudiado el cambio gradual de percepción (de lectura) que Molina hace entre los modelos con los que se identifica al comienzo de la novela y la figura que adopta al final. En ese desarrollo, desde el inconsciente de Molina, se da toda una serie de asociaciones y negociaciones con modelos explícitos e implícitos que dan sentido al desenlace. Al mismo tiempo, el proceso da cuenta de cómo se llega a la posición contestataria respecto a las normas de sexualidad impuestas por la sociedad patriarcal, que la novela finalmente cuestiona. Es ese proceso el que me interesa explorar ahora aunque, en rigor, este ensayo viene a completar, como pre-texto, otro trabajo mío, ya publicado, en el que, con el mismo propósito, hago una lectura decodificadora de la última película contada por Molina. Analizando el texto fílmico dentro de diferentes parámetros de construcción (en relación al melodrama en general; al melodrama mexicano de cabaret, en particular; al arquetipo de la mujer caída, etc), muestro el rol que tiene la combinación de estos elementos en la auto-aceptación y afirmación que se produce en Molina como producto de su "puesta en acto" de la figura de la mujer transgresora, dotada de poder, y cuyo simbolismo lleva a la imagen primordial de la "mujer fálica".[5]