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LA CAPELINA DE LENI
Angelo Morino
Università di Torino

En una carta fechada en “México, 30 noviembre 75”, Manuel Puig me escribía: “Hace pocos días terminé mi nueva novela, El beso de la mujer araña. Pienso dejarla descansar un poco y después (un mes) retomarla para los últimos retoques. Le mandaré fotocopia a Inge [Feltrinelli], que a su vez te la pueda pasar, pero eso no creo que sea antes de enero”. Y, al pie de la carta, a título de pregunta que quería expresar también una implícita propuesta, Manuel Puig agregaba: “¿Serás tú el traductor de la mujer-araña? Ojalá”. En los meses que siguieron, la proposición de trabajar en la versión italiana de El beso de la mujer araña habría sido aceptada por mí sin vacilaciones, inaugurando lo que - sucesivamente, a la salida de cada novela así como de cada texto teatral - habría sido habitual. Y ahora, aquí, dejando de lado por el momento recuerdos personales determinados por una larga amistad, importa ilustrar el modo con el que Manuel Puig intervenía en el trabajo de traducción de sus obras en italiano. A menudo, sobre todo en el momento de la publicación y especialmente en Argentina, novelas como La traición de Rita Hayworth o Boquitas pintadas fueron tratadas por no pocos críticos como textos menores, pobres de dignidad literaria, reunidos sin la intervención de un trabajo consciente y riguroso. Más o menos esta es la idea con la que se expresaba, por ejemplo, Angela Dellepiane en su artículo Diez años de literatura argentina - publicado en Problemas de literatura (1972) -, donde, justamente a propósito de La traición de Rita Hayworth y de Boquitas pintadas, escribía: “Los libros de Puig son gustosos, emotivos, humorísticos, pero desiguales en su costrucción narrativa. De aquí a ser creaciones literarias, hay mucha diferencia”. Por lo tanto, ofrecer un testimonio de la extrema atención con la cual el escritor argentino siguió la versión de El beso de la mujer araña en otro idioma, será útil para poner de manifiesto - si fuera todavía necesario - la falta de fundamento de ciertos juicios críticos expresados en su momento...

Como ulterior prueba de la injustificada reducción de las novelas de Manuel Puig a los márgenes de la literatura acusándolas ser fruto de un trabajo poco consciente, es justo señalar que el comportamiento observado en el curso de la traducción italiana de El beso de la mujer araña no fue excepcional. Era el mismo cada vez que se daba el caso de la traducción de una obra suya en uno de los idiomas que él conocía bien: inglés, francés y portugués, además del italiano. Durante un encuentro con Suzanne Jill Levine - responsable de las traducciones inglesas de algunas novelas de Manuel Puig -, tuvimos ocasión de recordar las minuciosas cartas del amigo desaparecido, donde cada página traducida era atentamente controlada, así como las largas sesiones alrededor de una mesa cuando las circunstancias permitían el contacto personal en lugar del intercambio epistolar. Porque traducir una novela de Manuel Puig en un idioma que él conociera significaba antes que nada, cuando autor y traductor vivían lejos, el envío sucesivo de las páginas traducidas en modo más o menos definitivo. A cada una de estas expediciones seguía - con el paso lento de días sin Internet, cuando los escritos se fijaban sobre el papel y, cerrados en un sobre, viajaban de un continente a otro - una lista de observaciones generalmente destinadas a originar cambios del texto transferido a otro idioma. Todo esto tenía por objeto garantizar una lectura de la novela traducida que se atuviera a los recorridos trazados de un renglón a otro del texto original...

Queriendo seguir las intervenciones de Manuel Puig en la versión italiana de El beso de la mujer araña, poseo cuatro cartas breves acompañadas de densas listas de observaciones por un total de diecinueve hojas escritas a máquina de un solo lado. Estas cartas - expedidas todas de Nueva York - llevan fecha “17 noviembre de 1976”, “8 de enero de 1977”, “20 de febrero de 1977” y “24 de febrero de 1977” y, por lo que concierne a las observaciones, se refieren a tres cuartos de la novela, mientras la parte restante tiene que haber sido objeto de notas contenidas en una carta que se perdió. En una lectura global de las indicaciones para modificar el texto traducido en italiano, un primer rasgo que emerge es la atención dada a que el lenguaje se alejara de registros altos o demasiado literarios y adhiriera a las modalidades más domésticas del habla. En este sentido son ejemplares ya las primeras indicaciones, donde el término en bastardilla - precedido de la indicación de la página y renglón correspondiente de mi escrito a máquina - es el considerado insatisfactorio y seguido por una propuesta alternativa y/o por un comentario:

“Página 1, línea 2: Tuileries Torre Eiffel (Molina non può pronunciare il francese)[1]

p. 1, l. 5: avanza (está bien?) che va avanti[2]

p. 1, l. 9: farabutto ‘maldito’ è molto forte e popolare, ci vorrebbe una versione popolare di ‘canaglia'’

p. 1, l. 13: raggruppa mi pare troppo letterario per Molina[3]

p. 1, l. 16: togliere per favore la virgola dopo ‘tenente’ e dopo ‘abbraccia’ nel rigo seguente[4]

p. 1, l. 17: ragazzo per bene mi suona un po’ aristocratico, meglio ‘bravo ragazzo'’

p. 1, l. 21: mongoloide troppo letterario per Molina, meglio qualcosa come ‘ritardato’ e addirittura ‘deficiente'’”.

El pedido de sustituir “Tuileries” con “Torre Eiffel”, “avanza” con “va avanti”, “ragazzo per bene” con “bravo ragazzo” y “mongoloide” con “ritardato” o “deficiente” - así como la observación a propósito de las palabras “farabutto” y “raggruppa” - obedecen a un deseo de llevar el lenguaje a un nivel en armonía con la realidad transferida sobre la página. Y, pasadas las primeras notas - las de la carta fechada el 17 de noviembre de 1976 -, indicaciones similares son repetidas, adquiriendo tonos cada vez más explícitos...

El personaje de El beso de la mujer araña respecto al cual Manuel Puig manifiesta mayores exigencias para que se exprese según el justo registro lingüístico, es naturalmente Molina, al que es confiada la mayor parte de la narración. Así, si bien no faltan indicaciones con vistas a obtener una correcta transferencia de las modalidades expresivas de Valentín, es sobre todo en el caso de las palabras puestas en boca de Molina que las observaciones abundan:

“p. 4, l. 4 c. d. a. [contando desde abajo]: rabbrividire un po’, caro Angelo, qui me lo fai parlare troppo bene, ‘la hacen medio estremecerse’, ‘la fanno mezzo rabbrividire’, o qualcosa del genere, un mischio di parole gonfie con sintasi popolare[5]

[...]

p. 8, l. 5: m’imbarazza ‘me da no sé qué’ è molto più parlato e popolare, attenzione Angelo, questo è il solo problema che osservo nella tua traduzione, la tendenza a migliorare il livello della Molinita (!!??)[6]”.

Es evidente que estas observaciones estaban relacionadas con una inicial dificultad mía al traducir en italiano ciertos párrafos de El beso de la mujer araña. Con todo, más allá de este aspecto, no resulta arduo individualizar un alto grado de rigor en el trabajo de Manuel Puig, cuyo objetivo - en esta novela así como en todas las precedentes y posteriores - era el de trasladar sobre la página lenguajes tomados de la realidad cotidiana sin hacerlos pasar por convencionales filtros literarios. Pero que el experimento no quisiera limitarse a una adhesión a viejos cánones realistas es atestiguado por varios comentarios, que expresan la conciencia de haber organizado el texto según técnicas experimentales. Es el caso de la indicación con la cual Manuel Puig me señalaba que, habiendo sido introducidas arbitrariamente por mí mayúsculas en el segmento de un monólogo interior de Molina (“legno, di pino? Di mogano? Di sandalo!”)[7], el efecto no estaba ya en sintonía con el previsto por el texto original:

“legno, di pino? di mogano? di sandalo! (per favore questa è una scrittura sperimentale, lasciamo tutto in minuscola, tranne quei casi dove anche l’originale porta la maiuscola)”[8].

Con este método, cada página era recorrida en todos sus aspectos y - en tal modo explorada para que fuera transferida sin pérdidas a otro idioma - remitía a un previo diseño que no tenía nada de fortuito. Pero la atención de Manuel Puig no se ejercitaba solamente en los detalles referidos al registro lingüístico de los personajes. Siempre alerta, intervenía también para que cada palabra de su novela encontrara una correspondencia exacta en la versión italiana, sin bloquearse ante las más mínimas exigencias. En este sentido, es ejemplar la recomendación con la que se cierra la carta fechada el 20 de febrero de 1977: “Bueno, termino aquí. Te ruego que pongas mucho cuidado en esta última revisión. ¡Ah! Falta la ‘capelina’ de Leni. La portano le signore al Derby (corse), e alle nozze.[9] Por favor escríbeme pronto, dime en que puntos no estás de acuerdo”. Además de indicar que mi tarea no podía considerarse terminada y que - concluida la primera fase del trabajo - se trataba de discutir las observaciones con las que yo no estaba de acuerdo, la postdata señalaba la persistencia de una preocupación de Manuel Puig: la capelina que llevaba Leni Lamaison en un momento del film interpretado por ella y referido a Valentín por Molina. Y a esa postdata minuciosa seguía un dibujo con el cual se ilustraba qué era una capelina: palabra que en italiano corresponde a “cappellina”, o sea que, a parte del problema de la doble “p”, no significaba ninguna dificultad más en el tránsito de un idioma a otro...

Si en el caso de la capelina de Leni Manuel Puig intervenía sin que hubiera real necesidad y, contemporáneamente, demostraba una atención casi maniática, a veces su ojo agudo captaba auténticos errores que le gustaba subrayar con ironía. Por ejemplo, esta vez en la carta fechada el 17 de noviembre de 1976, dándose cuenta de que yo había traducido “satén” con la más ruda “battista” en lugar de con el mucho más suave “raso”, me señalaba el error comentando: “Questa è una superproduzione della Tobis, mica un filmetto neorrelista, o peggio ancora, un filmettino in Ferraniacolor con Cosetta Greco”.[10] Por otra parte, lo de la ironía es una vena que en modo significativo recorre todas las listas de observaciones referentes sea a la traducción de El beso de la mujer araña que a las de las sucesivas obras narrativas y teatrales. Porque, en el caso de Manuel Puig, el trabajo literario había sido encarado con una participación tan exclusiva, que en esa labor lograba dar espacio aun a la diversión. Así, en la misma lista que comprende las líneas ya citadas, haciéndome notar que había traducido lo contrario de cuanto figuraba en el texto original, Manuel Puig se divertía retándome: “Mein gelibte [Geliebter]! a cosa pensavi? a quello? proprio a quello? vergogna!”.[11] Y un poco más adelante, encontrando una enésima distracción, continuaba con irónica severidad evidenciada por las mayúsculas: “FARE ATTENZIONE AL LAVORO INVECE DI PENSARE AL TUO FLIRT DI TURNO, QUESTE PAROLE VENGONO NEL RIGO SEGUENTE”.[12] Y en una posterior lista de observaciones - la fechada el 24 de febrero de 1977 -, volviendo a un pedido de corrección no satisfecho y, en tanto, recurriendo a su inagotable memoria cinematográfica, Manuel Puig insistía: “Pintarrajeada es un adjetivo peyorativo, significa demasiado pintado y con mal gusto... por favor te ruego que busques una solución, ya te lo indiqué en la revisión anterior y tú no reaccionaste, muy Mangano, distante”. Con todo, más allá de cualquiera facilitación del trabajo gracias a la intervención de la ironía, lo que con mayor frecuencia se repetía eran las recomendaciones con vistas a un buena lectura no solo del texto traducido, sino también del mismo texto mecanografiado. Y, en la voluntad de lograr tal objetivo, no había temor de hacer pedidos más minuciosos todavía que el concerniente a la capelina de Leni. Entre las hojas enviadas el 20 de febrero de 1977, me era señalado: “Por favor, Angelo, cuando taches una palabra como por ejemplo nuvola, trata de cubrir bien la palabra, así el lector no lee ambas versiones, gracias. Es una cosa que distrae de la lectura, no conviene”...


En el recuerdo de esta labor realizada junto a Manuel Puig para la traducción de sus novelas, hay que señalar todavía la fase que seguía al envío - de su parte - de las listas de observaciones y a la correspondiente aplicación - de mi parte - de las correcciones solicitadas. A esta altura, el texto completo, primero traducido y posteriormente modificado, le era expedido para que pudiera tener una visión integral del mismo. Y es en esta fase que Manuel Puig se daba cuenta de que no todos sus pedidos de corrección habían sido seguidos por mí. En efecto, no pocas veces me eran propuestas soluciones inaceptables, que se configuraban como una auténtica violencia a la lengua italiana y que no podían ser aceptadas ni siquiera a nivel experimental. Por ejemplo, en las listas de observaciones a propósito de la traducción de El beso de la mujer araña, Manuel Puig me sugería palabras y expresiones que en italiano no existen, como “nevicati”, “a tutto lusso” y “si scontava”. Con esto quiero decir que no todos sus pedidos dependían de un buen conocimiento del italiano ni podían dar lugar a variaciones del texto traducido: a menudo era necesario ignorarlos para evitar efectos contrastantes con el registro de ese lenguaje hablado que era el objetivo buscado. Entonces, frente a mis incumplimientos que habrían requerido discusiones demasiado largas para sostener por carta, Manuel Puig se los anotaba a la espera que se pudieran examinar juntos, cara a cara, aprovechando de algún encuentro entre un continente y otro...

En el caso de El beso de la mujer araña, la definitiva inspección deltexto traducido al italiano habría tenido lugar en Roma, entrada ya la primavera del 1977. Todo se consumó en una atmósfera de quietud y en una ponderada aceptación de las modificaciones por mí no introducidas, mientras la señora Male - la madre de Manuel Puig, a menudo su incansable compañera de viaje - se dedicaba a pasear y a hacer compras bajo el agradable sol romano. Pero no habría sucedido así en pocos años respecto a la traducción del guión cinematográfico Recuerdo de Tijuana, cuando me vi trabajando en un texto redactado en una variante del español que entonces no me era familiar: la mexicana. Después de haber recibido la primera versión de la obra traducida, Manuel Puig me envió desde Nueva York una carta fechada el 22 de octubre de 1979 en la cual se declaraba totalmente insatisfecho y agregaba esta serie vertiginosa de postdata, parte en español y parte en italiano: 1. “Chau, por favor reflexiona, este trabajo no está a tu altura”, 2. “Angelo. ho riletto Ricordo, è impossibile sistemarlo alla distanza”,[13] 3. “Se vuoi un prodotto decente si deve riscrivere più d’una battuta. Aspettami e lavoreremo insieme in dicembre”[14] y 4. “Ultimo momento! Angelo: dopo rileggere Ricordo mi sono INCAZZATO, non è possibile lavorare così. Non ti invio le pagine marcate perché è inutile, bisogna lavorare insieme e con tranquillità. Sono assolutamente contro la pubblicazione a Natale. Telefonami per favore, anche se è notte a N. Y. Scusami ma questo non va. Riflette, baci”.[15] Y, naturalmente, se reveló inevitable esperar hasta el mes de diciembre, cuando, durante algunos días transcurridos en Turín, fue posible que Manuel Puig y yo trabajáramos juntos - en mi casa, mañana y tarde - en la revisión del guión imprecisamente traducido. Pero, en aquella circunstancia, fue sobre todo la pobre señora Male a llevar la peor parte, porque, queriendo evitar que su madre nos distrajera con el pedido de acompañarla en una ciudad desconocida para ella, un día Manuel Puig le organizó una excursión en la montaña, a Courmayeur, donde había - en lugar de un agradable sol primaveral como en Roma - nieve que caía ferozmente en grandes copos. Entretanto, y para que ironía y diversión no fueran extraños en esa sesión de trabajo, Manuel Puig había descubierto en un cajón - si no una capelina digna de Leni - un viejo chal de lana negra en consonancia con la desquiciada protagonista de Recuerdo de Tijuana. Y mientras la nieve caía también sobre Turín, entre una corrección y otra, disfrazándose con el chal, encontraba tiempo para exhibirse en fulminantes imitaciones de una cabaretera mexicana en desgracia...
[1] "(Molina no puede pronunciar el francés)".

[2] "que va hacia adelante".

[3] "raggruppa me parece demasiado literario para Molina".

[4] "sacar por favor la coma después de tenente y después de abbraccia en el renglón que sigue".

[5] "querido Angelo, aquí me lo haces hablar demasiado bien, la hacen medio estremecerse, la fanno mezzo rabbrividire o algo así, una mezcla de palabras ampulosas con sintaxis popular".

[6] "me da no sé qué es mucho más coloquial y popular, ojo Angelo, este es el único problema que observo en tu traducción, la tendencia a mejorar el nivel de la Molinita (!!??)".

[7] "madera, ¿de pino? ¿De caoba? ¡De sándalo!".

[8] "madera, ¿de pino? ¿de caoba? ¡de sándalo! (por favor esta es una escritura experimental, dejemos todo en minúscula, salvo esos casos donde también el original está en mayúscula".

[9] "La llevan las señoras al Derby (carreras), y a los casamientos".

[10] "Esta es una superproducción de la Tobis, no una peliculita neorrealista, o peor, una peliculita en Ferraniacolor con Cosetta Greco".

[11] "¡Mein gelibte [Geliebter]! ¿en qué estabas pensando? ¿en eso? ¿justamente en eso? ¡qué vergüenza!".

[12] "PONER ATENCION EN EL TRABAJO EN LUGAR DE PENSAR EN TU FLIRT DE TURNO, ESTAS PALABRAS VAN EN EL RENGLON SIGUIENTE".

[13] "Angelo: volví a leer Recuerdo, es imposible arreglarlo a distancia".

[14] "Si quieres un producto decente hay que volver a escribir más de una réplica. Espérame y trabajaremos juntos en diciembre".

[15] "¡Ultimo momento! Angelo: después de haber vuelto a leer Recuerdo me ENFURECÍ, no es posible trabajar de esta manera. No te mando las páginas marcadas porque es inútil, hay que trabajar juntos y con Tranquilidad. Soy absolutamente contrario a la publicación en Navidad. Llámame por favor, aunque sea noche en N. Y. Discúlpame pero esto no va. Reflexiona, besos".

Daniel Balderston