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ROMA, VIERNES 31 DE AGOSTO DE 1956.
Querida familia:
Hoy a mediodía fui al Consulado y me encontré con carta fresquita fechada el lunes 27. Traten siempre de mandarme carta los lunes pues se ve que pesca justo el avión. Veo por la carta que todo sigue bien, ¿qué tal la fábrica? Yo mejor imposible pese a que todavía no he visto a los más importantes y no estoy muy organizado. Estoy muy conforme con la pieza y la familia de la casa. Son buenísimos y muy muy limpios. Las dos nonas me miman (...). Dentro de las diez mil liras está también el lavado y planchado y como tienen la manía de la limpieza no me dejan juntar ropa sucia, después para el planchado se les pasa el apuro pero para lavar no dejan pasar un día. Más vale así. Todas las mañanas me hago dejar una botellita de leche de medio litro y tres panes grandecitos (más o menos como las flautas argentinas). El desayuno consiste en la mitad de la botella, bien helada y un pan (que es riquísimo) con dulce. Luego a las 12.30 me voy a cualquiera de los tantos restaurantes que hay diseminados por Roma para estudiantes y obreros. Es baratísimo y se come muy bien. Generalmente como una pasta (aquí la porción de pasta es un plato sopero rebalsando) y algo frito o carne en guiso, que es el mejor modo de comerla, me parece, pues si no resulta bastante dura. También como arroz, la porción es más abultada que la de pasta todavía, por lo menos debe pesar medio kilo, es impresionante. El día que pido arroz pido un primer plato liviano, por ejemplo las ensaladas que son muy ricas especialmente la de porotos. El vino es riquísimo y barato pero el único que tienen es un blanco que voltea y lo pido solamente cuando después me voy a la playa o al río. Fruta y postres no hay pero eso lo compenso a la noche. Bueno, aunque no lo crean ese almuerzo sale alrededor de 150 liras ¿no es increíble? El aspecto de esos lugares es sencillo pero limpio, se saca vale en la caja y luego te sirven en un mostrador, no hay mozos y parece que son tan baratos porque no pagan impuestos. Ah! Encima de todo eso dan agua mineral. Todas las mañanas salgo a eso de las 9.30 y no vuelvo aquí hasta las 6, siempre a la mañana voy a ver a alguien o a arreglar algún asunto y después de comer visito algún lugar o me voy al río donde hay balnearios donde cambiarse. El agua es limpia y helada como a mí me gusta. A eso de las 6 estoy tan cansado que me vuelvo a descansar y me liquido el resto de la leche con el segundo pan y dulce. Ya un poco más descansado zarpo rumbo a una función de las 8. Hay cines de 100 liras (apenas están una semana o dos en cartel) conviene esperar un poco y listo. Además para mí todas son estrenos. Los cines de lujo son realmente caros, cuestan de $25 a $35. Evitados seréis. Hay dos cines que por ahora están cerrados y que dan las películas en versión original (sin doblar), estos son los más caros y estoy estudiando el modo de conseguirme un carnet, estos dos cines cambian de cartel cada tres días y para mí serán artículos de primera necesidad pues el doblaje es un desastre. A la noche no ceno en esos lugares pues cierran temprano, se produce de ese modo la hora de las pachugadas!!!! De vuelta me compro fruta, torta (aquí las venden por porciones) o ricotta o tomates, crema, pizza, fiambre, en fin lo que me tiente más y me como el menjunje con el tercer y último pan de la jornada, que me espera siempre inconmovible. Creo que cuando empiecen las clases voy a tener que reducir las comidas porque si ahora, con todo lo que ando (que es una exageración) he aumentado un poquito sobre lo que pesaba en Génova, después con más quietud me voy a inflar. A la noche nunca dejo de comer fruta porque es rica, sobre todo los higos, uvas y duraznos. Para compensar el café que no tomo a la mañana siempre hago un alto en el camino a eso de las 3 para tomarme café helado, que preparan fantástico. Sirven una copa grande pero siempre me tomaría tres más. La macana es que cuesta caro, ¡managia! (Este es el carajo romano). Los dientes me los cepillo después del desayuno, a la tarde y a la noche. En el barco me descuidé y se me empeoraron, pero ahora parece que van bien. Desde que pisé Italia también se acabaron las Tuil, en el barco todo el mundo andaba mal. Fui a ver a la amiga de Bebé, está de nuevo acomodada, quedamos en salir a tomar una copa uno de estos días. Fui a saludar a los curas de la Iglesia argentina, agárrense, y llevé el libro al cura acomodadísimo conocido de Angelita. Ahora algo grande: fui a los estudios "Titanus" a ver al productor Girosi, el tipo no estaba pero lo mismo me dejaron entrar. Vi un rato filmar a Gassman y a Ana María Ferrero la tarada, en Kean, la dirige el mismo Gassman, razón por la cual me quedé poco tiempo. Luego calladito me metí en una sala de proyección donde Marlene Dietrich se estaba haciendo proyectar todos los interiores de Montecarlo, con De Sica y ella, recién terminada de filmar. Vi como cuarenta minutos de película (primicia exclusiva), parece de poca calidad, ella estaba muy descontenta. Personalmente es un monstruo, para colmo está flaca escuálida, la cara es amarillo muerto y estaba sin maquillaje. Lo que no ha perdido es la voz maravillosa y la clase para hablar. Después dobló varias escenas con una precisión de quedarse con la boca abierta, estaba muy nerviosa pero ponía un empeño en todo que no lo he visto en nadie, es muy trabajadora y repite las cosas todas las veces que sea preciso. Tenía ganas de hablarle pero como estaba trabajando a todo vapor no me animé, es posible que la vea otra vez. Siempre siguiéndole la pista a Girosi estuve en la oficina de "De Sica Produzioni" y ahí me dieron la dirección de la casa. Todo el mundo me trata muy bien, trato de ir siempre bien arreglado. Estuve charlando un momento con Monicelli, el director de Las Infieles, que estaba ahí esperando, me aconsejó seguir el curso del Centro pero a la vez tratar a meterme en la producción por el lado que sea. Parece ser que lo que ha hecho después es todo un bodrio. Me cuesta creerlo aunque todos los críticos estén de acuerdo. Hasta luego. Clarín